{"id":1165,"date":"2024-10-25T22:18:20","date_gmt":"2024-10-26T03:18:20","guid":{"rendered":"https:\/\/casadeterror.com\/?p=1165"},"modified":"2024-10-25T22:18:20","modified_gmt":"2024-10-26T03:18:20","slug":"la-venganza-de-las-sombras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/casadeterror.com\/?p=1165","title":{"rendered":"La Venganza de las Sombras"},"content":{"rendered":"\n<p>Algunos brujos realizan hechizos a gente que los agrede o desprecia. Tal es el caso que nos cont\u00f3 la abuelita Naty, quien dijo que su primer esposo era acosado por una vecina de la localidad que ten\u00eda fama de bruja. La se\u00f1ora quer\u00eda que Don Luis, su esposo, a como diera lugar y al no conseguir que el accediera a sus propuestas, embrujo al hijo del matrimonio. El ni\u00f1o enferm\u00f3 de momento y por m\u00e1s que lo llevaron con curanderos y con doctores de localidades cercanas al poblado no lograron salvar su vida.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La abuelita cont\u00f3 que d\u00edas antes de morir su hijo, Don Luis y ella ven\u00edan del doctor, el peque\u00f1o estaba muy inquieto y se quejaba mucho. Don Luis lo cargaba con dificultad pues ya ten\u00eda 10 a\u00f1os y Do\u00f1a Naty lo acompa\u00f1aba y ayudaba. El pueblo estaba en penumbras, ya que la noche hab\u00eda alcanzado, las calles eran estrechas y a los lados hab\u00eda grandes arboles de fresno, aguacate, chirimoya, perales y m\u00e1s que daban mucha sombra, haciendo m\u00e1s negra la noche. La abuelita dec\u00eda que entre los \u00e1rboles se escuchaba el revoloteo de un ave grande que continuamente dejaba escuchar graznidos y ruidos que parec\u00edan carcajadas. Ellos escuchaban y maldec\u00edan aquello que cre\u00edan era la bruja que se burlaba de su dolor. D\u00edas despu\u00e9s, el ni\u00f1o muri\u00f3 y ellos guardaron ese resentimiento.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Mas tarde la abuelita dijo que su marido enferm\u00f3 gravemente, el achaque fue que Don Luis tom\u00f3 un jarro de pulque que vend\u00eda una amiga de la bruja. Seg\u00fan la viejecita, por las noches su marido actuaba de rara manera, dec\u00eda que se ahogaba y que algo le ara\u00f1aba su garganta, no consent\u00eda estar bocarriba, viv\u00eda en constante angustia y pasaba las noches en vela. Don Luis muri\u00f3 meses despu\u00e9s, de una enfermedad rara y la abuelita se qued\u00f3 sola y al cuidado de cuatro hijos m\u00e1s. Ella comenta que muchas veces encontr\u00f3 a la bruja en su camino, recibiendo sonrisas de burla, la abuelita le dec\u00eda: \u201c\u00a1alg\u00fan d\u00eda vas a pagar por tus cochinadas bruja maldita!\u201d&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, Do\u00f1a Naty dijo que cuando la bruja muri\u00f3, ella escucho como el demonio se la llevaba en cuerpo y alma cuenta:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>A m\u00ed me dijeron en el molino que la Bartola se estaba muriendo, y yo dije: \u201cAhora si va a pagar todo lo que ha hecho\u201d. Yo fui a mi casa y estuve haciendo el quehacer todo el d\u00eda, por la tarde fui a limpiar unas plantas de haba que sembr\u00e9 en el terreno y a cortar hijo y aguacate para llevarlo a Ozumba, me regres\u00e9 a la casa cuando ya oscurec\u00eda, prend\u00ed lumbre en el tlecuil y comenc\u00e9 a o\u00edr un estruendo que ven\u00eda de la calle. Al principio pens\u00e9 que eran los perros del pueblo, ya que de vez en cuando se alborotaban cuando pasaba alguien extra\u00f1o, pero esa noche el ruido era distinto: un bramido profundo, como si algo grande y pesado estuviera arrastr\u00e1ndose por el suelo. Me qued\u00e9 quieta, con el coraz\u00f3n lati\u00e9ndome fuerte, y mir\u00e9 hacia la puerta, pregunt\u00e1ndome si ser\u00eda la Bartola.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Justo en ese momento, una r\u00e1faga helada entr\u00f3 por las rendijas de la puerta y apag\u00f3 la lumbre en el tlecuil. Me qued\u00e9 a oscuras, con un extra\u00f1o fr\u00edo recorri\u00e9ndome el cuerpo, y fue cuando o\u00ed, clarito, el sonido de un susurro. Dec\u00eda mi nombre, <em>Naty&#8230; Naty&#8230;<\/em>. Mi piel se eriz\u00f3 y, aunque todo mi instinto me dec\u00eda que deb\u00eda correr, mis pies parec\u00edan clavados al suelo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces, una risa desgarradora, burlona, retumb\u00f3 desde la calle, y supe, sin duda alguna, que era ella, la Bartola, o lo que quedaba de ella. Apenas pod\u00eda distinguir el contorno de su figura, porque no era como un cuerpo normal. Era una sombra que se retorc\u00eda y cambiaba de forma, como si su carne se estuviera derritiendo. Sus ojos, eso s\u00ed, eran lo \u00fanico que brillaba en la oscuridad, dos puntitos rojos que parec\u00edan mirarme con odio, pero tambi\u00e9n con miedo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014<em>\u00a1Vengo a cobrarme, Naty!<\/em> \u2014se oy\u00f3 su voz, como un lamento que resonaba en mis o\u00eddos y en mi cabeza. Pero detr\u00e1s de ella, casi como un eco, escuch\u00e9 otros susurros, voces que murmuraban palabras incomprensibles. Era como si vinieran del mismo infierno, como si algo la estuviera arrastrando.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Me arm\u00e9 de valor y le grit\u00e9: <em>\u00a1Ya no te temo, Bartola, \u00a1ahora te toca a ti pagar!<\/em> La figura oscura se qued\u00f3 inm\u00f3vil un momento, y los ojos rojos parecieron apagarse por un instante. Fue entonces que la o\u00ed gritar, no como una persona, sino como un animal que sufre y a\u00falla al ser devorado.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Del suelo, a sus pies, comenzaron a salir unas manos huesudas y negras, como ra\u00edces retorcidas, que la sujetaron con fuerza y comenzaron a jalarla hacia abajo. La Bartola gritaba, retorci\u00e9ndose y ara\u00f1ando el suelo, tratando de librarse, pero las manos no la soltaban. Entonces, de esas sombras que la rodeaban, surgieron unas figuras m\u00e1s claras, como neblina, figuras que reconoc\u00ed de inmediato: era mi hijo, y a su lado estaba Don Luis.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014<em>Mam\u00e1&#8230;<\/em> \u2014escuch\u00e9 la vocecita de mi hijo, y sent\u00ed una paz que me invad\u00eda el cuerpo. La figura de la Bartola segu\u00eda siendo arrastrada, pero ahora eran las almas de aquellos a quienes hab\u00eda hecho da\u00f1o las que estaban cobrando venganza. Las sombras la arrastraron cada vez m\u00e1s hondo, y sus gritos se fueron apagando en la noche, hasta que todo qued\u00f3 en silencio.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La lumbre se encendi\u00f3 sola en el tlecuil, y en el aire, sent\u00ed un aroma suave, como de flores frescas, que me envolvi\u00f3 por un instante. Sab\u00eda que mis seres queridos hab\u00edan encontrado paz y que la maldici\u00f3n de la Bartola se hab\u00eda roto para siempre.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Desde ese d\u00eda, nunca volv\u00ed a sentir miedo, y la noche dej\u00f3 de ser fr\u00eda en mi casa. La Bartola nunca regres\u00f3, y el pueblo se sinti\u00f3 en paz de nuevo.&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Algunos brujos realizan hechizos a gente que los agrede o desprecia. Tal es el caso que nos cont\u00f3 la abuelita Naty, quien dijo que su primer esposo era acosado por una vecina de la localidad que ten\u00eda fama de bruja. La se\u00f1ora quer\u00eda que Don Luis, su esposo, a como diera lugar y al no conseguir que el accediera a sus propuestas, embrujo al hijo del matrimonio. El ni\u00f1o enferm\u00f3 de momento y por m\u00e1s que lo llevaron con curanderos y con doctores de localidades cercanas al poblado no lograron salvar su vida.&nbsp; La abuelita cont\u00f3 que d\u00edas antes de morir su hijo, Don Luis y ella ven\u00edan del doctor, el peque\u00f1o estaba muy inquieto y se quejaba mucho. Don Luis lo cargaba con dificultad pues ya ten\u00eda 10 a\u00f1os y Do\u00f1a Naty lo acompa\u00f1aba y ayudaba. El pueblo estaba en penumbras, ya que la noche hab\u00eda alcanzado, las calles eran estrechas y a los lados hab\u00eda grandes arboles de fresno, aguacate, chirimoya, perales y m\u00e1s que daban mucha sombra, haciendo m\u00e1s negra la noche. La abuelita dec\u00eda que entre los \u00e1rboles se escuchaba el revoloteo de un ave grande que continuamente dejaba escuchar graznidos y ruidos que parec\u00edan carcajadas. Ellos escuchaban y maldec\u00edan aquello que cre\u00edan era la bruja que se burlaba de su dolor. D\u00edas despu\u00e9s, el ni\u00f1o muri\u00f3 y ellos guardaron ese resentimiento.&nbsp; Mas tarde la abuelita dijo que su marido enferm\u00f3 gravemente, el achaque fue que Don Luis tom\u00f3 un jarro de pulque que vend\u00eda una amiga de la bruja. Seg\u00fan la viejecita, por las noches su marido actuaba de rara manera, dec\u00eda que se ahogaba y que algo le ara\u00f1aba su garganta, no consent\u00eda estar bocarriba, viv\u00eda en constante angustia y pasaba las noches en vela. Don Luis muri\u00f3 meses despu\u00e9s, de una enfermedad rara y la abuelita se qued\u00f3 sola y al cuidado de cuatro hijos m\u00e1s. Ella comenta que muchas veces encontr\u00f3 a la bruja en su camino, recibiendo sonrisas de burla, la abuelita le dec\u00eda: \u201c\u00a1alg\u00fan d\u00eda vas a pagar por tus cochinadas bruja maldita!\u201d&nbsp; Finalmente, Do\u00f1a Naty dijo que cuando la bruja muri\u00f3, ella escucho como el demonio se la llevaba en cuerpo y alma cuenta:&nbsp; A m\u00ed me dijeron en el molino que la Bartola se estaba muriendo, y yo dije: \u201cAhora si va a pagar todo lo que ha hecho\u201d. Yo fui a mi casa y estuve haciendo el quehacer todo el d\u00eda, por la tarde fui a limpiar unas plantas de haba que sembr\u00e9 en el terreno y a cortar hijo y aguacate para llevarlo a Ozumba, me regres\u00e9 a la casa cuando ya oscurec\u00eda, prend\u00ed lumbre en el tlecuil y comenc\u00e9 a o\u00edr un estruendo que ven\u00eda de la calle. Al principio pens\u00e9 que eran los perros del pueblo, ya que de vez en cuando se alborotaban cuando pasaba alguien extra\u00f1o, pero esa noche el ruido era distinto: un bramido profundo, como si algo grande y pesado estuviera arrastr\u00e1ndose por el suelo. Me qued\u00e9 quieta, con el coraz\u00f3n lati\u00e9ndome fuerte, y mir\u00e9 hacia la puerta, pregunt\u00e1ndome si ser\u00eda la Bartola.&nbsp; Justo en ese momento, una r\u00e1faga helada entr\u00f3 por las rendijas de la puerta y apag\u00f3 la lumbre en el tlecuil. Me qued\u00e9 a oscuras, con un extra\u00f1o fr\u00edo recorri\u00e9ndome el cuerpo, y fue cuando o\u00ed, clarito, el sonido de un susurro. Dec\u00eda mi nombre, Naty&#8230; Naty&#8230;. 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Era como si vinieran del mismo infierno, como si algo la estuviera arrastrando.&nbsp; Me arm\u00e9 de valor y le grit\u00e9: \u00a1Ya no te temo, Bartola, \u00a1ahora te toca a ti pagar! La figura oscura se qued\u00f3 inm\u00f3vil un momento, y los ojos rojos parecieron apagarse por un instante. Fue entonces que la o\u00ed gritar, no como una persona, sino como un animal que sufre y a\u00falla al ser devorado.&nbsp; Del suelo, a sus pies, comenzaron a salir unas manos huesudas y negras, como ra\u00edces retorcidas, que la sujetaron con fuerza y comenzaron a jalarla hacia abajo. La Bartola gritaba, retorci\u00e9ndose y ara\u00f1ando el suelo, tratando de librarse, pero las manos no la soltaban. Entonces, de esas sombras que la rodeaban, surgieron unas figuras m\u00e1s claras, como neblina, figuras que reconoc\u00ed de inmediato: era mi hijo, y a su lado estaba Don Luis.&nbsp; \u2014Mam\u00e1&#8230; \u2014escuch\u00e9 la vocecita de mi hijo, y sent\u00ed una paz que me invad\u00eda el cuerpo. La figura de la Bartola segu\u00eda siendo arrastrada, pero ahora eran las almas de aquellos a quienes hab\u00eda hecho da\u00f1o las que estaban cobrando venganza. Las sombras la arrastraron cada vez m\u00e1s hondo, y sus gritos se fueron apagando en la noche, hasta que todo qued\u00f3 en silencio.&nbsp; La lumbre se encendi\u00f3 sola en el tlecuil, y en el aire, sent\u00ed un aroma suave, como de flores frescas, que me envolvi\u00f3 por un instante. 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