{"id":1169,"date":"2024-10-28T00:53:53","date_gmt":"2024-10-28T05:53:53","guid":{"rendered":"https:\/\/casadeterror.com\/?p=1169"},"modified":"2024-10-28T08:07:22","modified_gmt":"2024-10-28T13:07:22","slug":"el-nahual-de-la-calle-morelos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/casadeterror.com\/?p=1169","title":{"rendered":"El Nahual de la Calle Morelos"},"content":{"rendered":"\n<p>Los relatos de nahuales son comunes entre los abuelos de Tetela del Volc\u00e1n, en el estado de Morelos, M\u00e9xico. Se dice que estos seres pueden transformarse en perros, gatos, cerdos, aves, burros y hasta en toros, usando su habilidad para andar por el mundo de una forma inusual y asustar a quienes tienen la desgracia de encontrarse con ellos. As\u00ed lo cont\u00f3 do\u00f1a Concha, una anciana de Tetela, quien relat\u00f3 la historia de un hombre que tuvo que dejar el pueblo cuando descubrieron que era un nahual. Su nombre era Juan, aunque todos lo conoc\u00edan por su apodo: \u201cLa Borrega\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Juan viv\u00eda en el barrio de Santiago y, seg\u00fan do\u00f1a Concha, su presencia era una amenaza para el pueblo. De noche, las calles de Tetela se volv\u00edan peligrosas porque, al transformarse, Juan se convert\u00eda en una criatura aterradora que bloqueaba el paso a quienes caminaban bajo la oscuridad o los persegu\u00eda para asustarlos y hacerles da\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>Una noche, un grupo de j\u00f3venes que gustaba de dar serenata a sus novias tuvo un encuentro inesperado con \u00e9l. Eran diez o doce muchachos que recorr\u00edan las calles de Tetela y Xochicalco, animados por la emoci\u00f3n de haber conquistado a sus enamoradas con su m\u00fasica. Sin embargo, mientras caminaban por la calle Morelos, entre risas y bromas, un terrible bramido interrumpi\u00f3 el buen humor. De repente, una bestia enorme, con cuernos relucientes y ojos fieros, apareci\u00f3 y embisti\u00f3 contra ellos, como si quisiera cornearlos. Los j\u00f3venes, aterrorizados, apenas lograron apartarse del camino y regresaron a sus casas con el susto a flor de piel.<\/p>\n\n\n\n<p>Al d\u00eda siguiente, Pancho, uno de los j\u00f3venes, cont\u00f3 la historia a su padre, quien le advirti\u00f3 que tuviera cuidado, pues ese animal no era normal; se trataba de un nahual, una criatura con poderes malignos. Pancho comparti\u00f3 su experiencia con sus amigos y, despu\u00e9s de escuchar las advertencias de sus mayores, decidieron dejar de salir a dar serenatas por un tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, no pasaron muchos d\u00edas antes de que los rumores en el pueblo confirmaran que no hab\u00edan sido los \u00fanicos en encontrarse con el extra\u00f1o animal. Pronto se supo que otras personas tambi\u00e9n hab\u00edan visto seres descomunales rondando por las calles o incluso entrando en las casas para robar. Esto hizo que Pancho y sus amigos se llenaran de indignaci\u00f3n. Consideraban que aquel ser los hab\u00eda humillado y burlado de ellos, por lo que comenzaron a planear c\u00f3mo enfrentar al nahual para darle su merecido.<\/p>\n\n\n\n<p>Empezaron por preguntar a los ancianos del pueblo c\u00f3mo podr\u00edan vencer a un nahual. Recibieron varios consejos: algunos les dijeron que no se metieran con esos seres, ya que sus poderes pod\u00edan afectarles de por vida; otros sugirieron el uso de objetos benditos, varas de membrillo para golpear al nahual o incluso balas de plata para acabar con \u00e9l. Un anciano, con tono sabio, les explic\u00f3 que lo mejor era golpear al nahual con esti\u00e9rcol de burro seco, pues eso le causaba un dolor tremendo, y tambi\u00e9n que un buen huarachezo era bastante efectivo.<\/p>\n\n\n\n<p>Los j\u00f3venes se prepararon y esperaron la ocasi\u00f3n. Varias noches salieron en busca del gran toro, pero \u00e9ste parec\u00eda haber desaparecido. No fue sino hasta una noche, al regreso de una serenata, que escucharon el inconfundible bramido y vieron de nuevo al descomunal toro, echando chispas por los ojos. La mayor\u00eda de los muchachos huy\u00f3 aterrorizada, pero Pancho, dominando su miedo, les grit\u00f3 a sus amigos que lo apoyaran y se arm\u00f3 de valor. Entre todos, comenzaron a golpear al animal con el esti\u00e9rcol de burro que llevaban preparado, mientras otros lo azotaban con sus huaraches. El animal, retorci\u00e9ndose de dolor, bramaba y gritaba en agon\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>En medio de la confusi\u00f3n, uno de los j\u00f3venes sac\u00f3 una escopeta y prepar\u00f3 la bala especial que, seg\u00fan los consejos de los ancianos, acabar\u00eda con la bestia. Pero entonces, algo incre\u00edble sucedi\u00f3: el animal comenz\u00f3 a hablar, rog\u00e1ndoles que no lo castigaran m\u00e1s. Para asombro de todos, el toro result\u00f3 ser Juan, \u201cLa Borrega\u201d, quien suplicaba misericordia y promet\u00eda nunca volver a molestar a nadie.<\/p>\n\n\n\n<p>Conmovidos y aturdidos, los j\u00f3venes lo dejaron ir, y Juan se alej\u00f3, maltrecho y humillado. No obstante, la historia de Juan no termin\u00f3 ah\u00ed. Tiempo despu\u00e9s, La Borrega se meti\u00f3 en problemas con otros habitantes del pueblo y el enojo de la gente fue tal que quisieron lincharlo. Para salvar su vida, Juan huy\u00f3 de Tetela para siempre. Do\u00f1a Concha cuenta que el lugar donde se estableci\u00f3 despu\u00e9s tambi\u00e9n sufri\u00f3 de apariciones y problemas inexplicables, aunque nadie sabe a ciencia cierta si alguien lo reconoci\u00f3 o si continu\u00f3 con sus fechor\u00edas bajo su forma de nahual.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los relatos de nahuales son comunes entre los abuelos de Tetela del Volc\u00e1n, en el estado de Morelos, M\u00e9xico. Se dice que estos seres pueden transformarse en perros, gatos, cerdos, aves, burros y hasta en toros, usando su habilidad para andar por el mundo de una forma inusual y asustar a quienes tienen la desgracia de encontrarse con ellos. As\u00ed lo cont\u00f3 do\u00f1a Concha, una anciana de Tetela, quien relat\u00f3 la historia de un hombre que tuvo que dejar el pueblo cuando descubrieron que era un nahual. Su nombre era Juan, aunque todos lo conoc\u00edan por su apodo: \u201cLa Borrega\u201d. Juan viv\u00eda en el barrio de Santiago y, seg\u00fan do\u00f1a Concha, su presencia era una amenaza para el pueblo. De noche, las calles de Tetela se volv\u00edan peligrosas porque, al transformarse, Juan se convert\u00eda en una criatura aterradora que bloqueaba el paso a quienes caminaban bajo la oscuridad o los persegu\u00eda para asustarlos y hacerles da\u00f1o. Una noche, un grupo de j\u00f3venes que gustaba de dar serenata a sus novias tuvo un encuentro inesperado con \u00e9l. Eran diez o doce muchachos que recorr\u00edan las calles de Tetela y Xochicalco, animados por la emoci\u00f3n de haber conquistado a sus enamoradas con su m\u00fasica. Sin embargo, mientras caminaban por la calle Morelos, entre risas y bromas, un terrible bramido interrumpi\u00f3 el buen humor. De repente, una bestia enorme, con cuernos relucientes y ojos fieros, apareci\u00f3 y embisti\u00f3 contra ellos, como si quisiera cornearlos. Los j\u00f3venes, aterrorizados, apenas lograron apartarse del camino y regresaron a sus casas con el susto a flor de piel. Al d\u00eda siguiente, Pancho, uno de los j\u00f3venes, cont\u00f3 la historia a su padre, quien le advirti\u00f3 que tuviera cuidado, pues ese animal no era normal; se trataba de un nahual, una criatura con poderes malignos. Pancho comparti\u00f3 su experiencia con sus amigos y, despu\u00e9s de escuchar las advertencias de sus mayores, decidieron dejar de salir a dar serenatas por un tiempo. Sin embargo, no pasaron muchos d\u00edas antes de que los rumores en el pueblo confirmaran que no hab\u00edan sido los \u00fanicos en encontrarse con el extra\u00f1o animal. Pronto se supo que otras personas tambi\u00e9n hab\u00edan visto seres descomunales rondando por las calles o incluso entrando en las casas para robar. Esto hizo que Pancho y sus amigos se llenaran de indignaci\u00f3n. Consideraban que aquel ser los hab\u00eda humillado y burlado de ellos, por lo que comenzaron a planear c\u00f3mo enfrentar al nahual para darle su merecido. Empezaron por preguntar a los ancianos del pueblo c\u00f3mo podr\u00edan vencer a un nahual. Recibieron varios consejos: algunos les dijeron que no se metieran con esos seres, ya que sus poderes pod\u00edan afectarles de por vida; otros sugirieron el uso de objetos benditos, varas de membrillo para golpear al nahual o incluso balas de plata para acabar con \u00e9l. Un anciano, con tono sabio, les explic\u00f3 que lo mejor era golpear al nahual con esti\u00e9rcol de burro seco, pues eso le causaba un dolor tremendo, y tambi\u00e9n que un buen huarachezo era bastante efectivo. Los j\u00f3venes se prepararon y esperaron la ocasi\u00f3n. Varias noches salieron en busca del gran toro, pero \u00e9ste parec\u00eda haber desaparecido. No fue sino hasta una noche, al regreso de una serenata, que escucharon el inconfundible bramido y vieron de nuevo al descomunal toro, echando chispas por los ojos. La mayor\u00eda de los muchachos huy\u00f3 aterrorizada, pero Pancho, dominando su miedo, les grit\u00f3 a sus amigos que lo apoyaran y se arm\u00f3 de valor. Entre todos, comenzaron a golpear al animal con el esti\u00e9rcol de burro que llevaban preparado, mientras otros lo azotaban con sus huaraches. El animal, retorci\u00e9ndose de dolor, bramaba y gritaba en agon\u00eda. En medio de la confusi\u00f3n, uno de los j\u00f3venes sac\u00f3 una escopeta y prepar\u00f3 la bala especial que, seg\u00fan los consejos de los ancianos, acabar\u00eda con la bestia. Pero entonces, algo incre\u00edble sucedi\u00f3: el animal comenz\u00f3 a hablar, rog\u00e1ndoles que no lo castigaran m\u00e1s. 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