{"id":315,"date":"2023-08-07T15:33:00","date_gmt":"2023-08-07T15:33:00","guid":{"rendered":"https:\/\/casadeterror.com\/?p=315"},"modified":"2023-08-31T15:42:02","modified_gmt":"2023-08-31T15:42:02","slug":"el-callejon-del-muerto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/casadeterror.com\/?p=315","title":{"rendered":"El Callej\u00f3n del Muerto"},"content":{"rendered":"\n<p>Do\u00f1a Simonita era la partera m\u00e1s reconocida de Analco, Puebla en el a\u00f1o 1875. En una madrugada de lluvia y neblina, la busc\u00f3 Don Anastasio Priego, un hombre adinerado, propietario del Mes\u00f3n de Priego. En las primeras horas de aquel d\u00eda, su esposa, Do\u00f1a Juliana Dom\u00ednguez, comenz\u00f3 a sentir los dolores del parto y, con prisa, Don Anastasio sali\u00f3 de su casa sin pedir a alguno de sus empleados que lo acompa\u00f1ara. Cuando pasaba por el antiguo Callej\u00f3n de Yllescas (hoy 12 Oriente, entre 3 y 5 Poniente), un maleante lo alcanz\u00f3 y, con espada en mano, le pidi\u00f3 que le entregara todo el oro que llevara consigo. Digamos, lo asalt\u00f3. Sin saber que su supuesta v\u00edctima era un consumado esgrimista, h\u00e1bil con la espada. M\u00e1s tard\u00f3 el ladr\u00f3n en terminar su amenaza que Don Anastasio en ponerse a distancia con un salto y desenfundar su espada para contraatacar y con un movimiento, atravesar el coraz\u00f3n del ladr\u00f3n. Como si nada hubiera ocurrido, Don Anastasio continu\u00f3 su camino en busca de Do\u00f1a Simonita, con quien regres\u00f3 apresuradamente a su casa, pero ya no pas\u00f3 por el callej\u00f3n, sino que tom\u00f3 otro camino. La partera lleg\u00f3 justo a tiempo para auxiliar a Do\u00f1a Juliana en la labor de parto y recibir a dos hermosos gemelos que, desde ese momento, se volvieron el orgullo de Don Anastasio y de su esposa. Una vez que Do\u00f1a Simonita termin\u00f3 su trabajo, el nuevo padre sald\u00f3 sus honorarios y se ofreci\u00f3 a acompa\u00f1arla de regreso a su casa, pero esta vez, movido por la curiosidad, decidi\u00f3 pasar nuevamente por el callej\u00f3n. El cad\u00e1ver del hombre que intent\u00f3 asaltarlo a\u00fan estaba all\u00ed, en medio de un charco de sangre y un mar de gente que rumoraba y comenzaba a armar historias. Posteriormente, hubo quienes dec\u00edan que, durante la madrugada, el alma del maleante penaba por ese lugar y que por eso comenz\u00f3 a ser llamado el Callej\u00f3n del Muerto. Con la intenci\u00f3n de que el esp\u00edritu del ladr\u00f3n descansara en paz, los vecinos realizaron misas en su honor y uno de ellos, Don Marcelino Yllescas, incluso mand\u00f3 a construir una cruz que a\u00fan puede verse en el muro de una de las viviendas del callej\u00f3n. Tiempo despu\u00e9s, el padre Panchito, titular de la Parroquia del Santo \u00c1ngel Custodio, cerraba el templo cuando un hombre se present\u00f3 ante \u00e9l para solicitarle la confesi\u00f3n, a lo que el sacerdote accedi\u00f3. Despu\u00e9s de recibir la absoluci\u00f3n de sus pecados, el hombre, que se cree era el ladr\u00f3n, desapareci\u00f3 ante la mirada sorprendida del religioso, quien al d\u00eda siguiente amaneci\u00f3 con un terrible malestar y muri\u00f3 despu\u00e9s de contarle lo ocurrido a su sacrist\u00e1n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Do\u00f1a Simonita era la partera m\u00e1s reconocida de Analco, Puebla en el a\u00f1o 1875. En una madrugada de lluvia y neblina, la busc\u00f3 Don Anastasio Priego, un hombre adinerado, propietario del Mes\u00f3n de Priego. 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Como si nada hubiera ocurrido, Don Anastasio continu\u00f3 su camino en busca de Do\u00f1a Simonita, con quien regres\u00f3 apresuradamente a su casa, pero ya no pas\u00f3 por el callej\u00f3n, sino que tom\u00f3 otro camino. La partera lleg\u00f3 justo a tiempo para auxiliar a Do\u00f1a Juliana en la labor de parto y recibir a dos hermosos gemelos que, desde ese momento, se volvieron el orgullo de Don Anastasio y de su esposa. Una vez que Do\u00f1a Simonita termin\u00f3 su trabajo, el nuevo padre sald\u00f3 sus honorarios y se ofreci\u00f3 a acompa\u00f1arla de regreso a su casa, pero esta vez, movido por la curiosidad, decidi\u00f3 pasar nuevamente por el callej\u00f3n. El cad\u00e1ver del hombre que intent\u00f3 asaltarlo a\u00fan estaba all\u00ed, en medio de un charco de sangre y un mar de gente que rumoraba y comenzaba a armar historias. 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