Casa de Terror
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La mujer que se despidió

Cuando la Segunda Guerra Mundial se intensificó, México envió un escuadrón llamado 201 como apoyo a los países que luchaban contra el fascismo. Como era de suponerse, todos los integrantes del escuadrón tuvieron que dejar a sus familias.

Así pasaron los días en el campamento.

Cierta noche, mientras el escuadrón se encontraba descansando, uno de los soldados vio pasar a una mujer. Al principio no le dio importancia; creyó que se trataba de alguna de las enfermeras, por lo que no hizo caso y se dispuso a dormir.

Sin embargo, el soldado recordaría después que aquella misma mujer se apareció durante cinco noches consecutivas. No fue sino hasta la quinta vez que notó algo inquietante: la dama tenía un aire familiar. Al observarla con atención, comprendió con asombro que se parecía nada más y nada menos que a su esposa.

Aquello era imposible. Ella se encontraba a miles de kilómetros, en casa, en la Ciudad de México.

Pensando que estaba alucinando por el cansancio o el estrés de la guerra, el soldado se recostó y decidió no darle mayor importancia.

A la mañana siguiente, el escuadrón fue llamado a incursionar en territorio enemigo. En el enfrentamiento, el soldado resultó gravemente herido.

Esa misma noche, mientras convalecía en una habitación apenas iluminada por velas, las cortinas que rodeaban su cama se abrieron de pronto. Ante sus ojos apareció su esposa, de pie al pie del lecho. No pronunció palabra alguna. Solo lo miró.

Y así como llegó, desapareció.

No había forma de comunicarse con su mujer de inmediato, por lo que el soldado tuvo que esperar hasta su regreso a México. Fue entonces cuando recibió la noticia: su esposa había fallecido exactamente el mismo día y a la misma hora en que él la vio junto a su cama.

La coincidencia lo marcó para siempre.

Lloró durante muchos días su ausencia. Para él, no había duda: su esposa se había despedido. Sin embargo, algunos de sus compañeros creían que aquella aparición también intentaba prevenirlo del combate en el que perdió una pierna y el brazo izquierdo.

Diez años después, el soldado falleció. Quienes lo conocieron afirmaban que aquella visión fue uno de los acontecimientos más significativos de su vida. En diversas ocasiones aseguró haber presenciado hechos extraños, pero siempre destacó la visita de su amada esposa como el más profundo y doloroso.

Esta historia no es muy conocida. No obstante, varios familiares del soldado la convirtieron con el tiempo en una leyenda digna de contarse.

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